sábado, 28 de noviembre de 2015

OJOS DE GATO

"Los hombres y mujeres deambulan como si estuviesen locos y dejaban que su ganado se perdiese porque ya nadie quería preocuparse por el futuro.
El padre abandona al hijo, la mujer al marido, un hermano al otro, porque esta plaga parecía comunicarse con el aliento y la vista...Y así morían. Y no se podía encontrar a nadie que enterrase a los muertos ni por amistad ni por dinero."  ( Agnolo di Tura, testigo de la época ).

París, verano de 1350
El Marqués Bertrand Ponthie se paseaba nervioso por el gran salón de armas. Por las pequeñas ventanas entraba una brisa cálida que lo exacerbaba aún más. Esperaba con impaciencia la llegada de su dama, la bella Florentine.
El padre de la joven había muerto víctima de la peste negra y él, desesperado, la mandó buscar.
Un paje, larguirucho y tartamudo, le comunicó el arribo de la comitiva.
Con ansiedad corrió hacia el puente levadizo. La vio de lejos, bajando del carruaje, soberbia, de una elegancia exquisita. ¡Cuánto la amaba!.
Sus miradas se cruzaron comunicando una vorágine de sentimientos: amor, miedo, desolación, deseo, esperanza...
Él apuró el paso y la abrazó haciendo caso omiso de las miradas licenciosas de los pocos soldados que seguían con vida.
Con ella del brazo, se dirigieron a la torre de homenaje.
Una vez solos, Florentine se desarmó en llanto.
_ Mi padre, mi pobre padre. Ni enterrarlo pude...tus soldados me han traído casi a la rastra.
_ ¿Te han hecho daño acaso? _ se encolerizó.
_ No, no, nada de eso _ trató de calmarlo_ simplemente quise darle cristiana sepultura.
_ Hubiese sido muy peligroso que continuaras en esa casa, aquí estarás a salvo, ma petite.
_ Fue horrible. El médico lo sangró, le hizo lavativas...nada funcionó, fue espantoso. ¡Oh, Bertrand, tengo tanto miedo!Al quedarnos pocos siervos no sabía a quién pedir ayuda. ¡Hasta a mi fiel Drusila se la llevó la peste!
_ Me tienes a mí. Yo te protegeré. Nada malo sucederá, te lo prometo.
La acompañó hasta la alcoba para que descansara. La beso en los labios con delicadeza, reprimiendo su excitación.
Al cerrar la puerta la joven percibió una presencia extraña, misteriosa, que le heló la sangre.
"Son mis nervios", trató de tranquilizarse. Se acercó a la ventana, corrió la pesada cortina para permitir que entrara un poco de aire fresco. Imposible, el calor era abrumador. Se recostó e intentó dormir, pero la pesadilla la perseguía.
Cadáveres y cadáveres, unos encima de otros, pudriéndose en una gran fosa apenas tapada por unas paladas de tierra. ¡Cuántos amigos, cuántos seres queridos arrebatados por la cruel plaga!
Se despertó alarmada. Algo o alguien la observaba desde un rincón oscuro. De repente "ese algo", de un salto, se sentó sobre la cama. Florentine gritó asustada. Un gato de lustroso pelaje azabache, la miraba fijamente, como estudiándola; luego, así como llegó, desapareció.
No volvió a ver al gato hasta la cena.
Bertrand la esperaba al pie de la escalera espiral. Ella le sonrió con timidez aceptando la mano que de manera galante le ofrecía.
Con sorpresa notó que cargaba al gato negro que la había inquietado.
_ Veo que ya se conocen _ dijo el Marqués al percibir la reacción de su dama.
_ Esta mañana me dio la bienvenida en mi recámara. Te confieso que me asustó.
_ ¿Asustar Minouche?, pero si es una dulzura, es mi fiel compañera _ le aclaró con amabilidad _ Minouche, ella es Florentine, mi futura esposa. Minouche es adorable, aunque debo reconocer, un poco caprichosa y celosa. Y ahora que fueron hecha las presentaciones...¡a comer! _ dijo divertido.
El servicio doméstico era reducido, la muerte negra arrasaba especialmente entre los más humildes.
La cocinera, callada y ojerosa, sirvió los diferentes platos.
Bebieron un vino tinto de buen cuerpo. Florentine experimentó un ligero cosquilleo en la punta de la lengua que la hizo suspirar. Hacía bastante que no disfrutaba de un buen vino. "Quizás esta deliciosa bebida me relaje, la presencia de esa maldita gata me exaspera", pensó preocupada.
La voz ronca y sensual de Bertrand la sacó de sus cavilaciones.
_ La próxima semana llegará desde Avignon el sacerdote que nos casará. ¿Te hace feliz la noticia? _ preguntó ilusionado.
_ Mucho, estoy muy...
Se interrumpió cuando la gata saltó intempestivamente sobre el regazo del Marqués.
Desconcertada, observó como el felino se frotaba melosa contra el pecho del hombre. Un ronroneo, sordo y continuo, invadió la atmósfera. La gata se relamió con los suaves masajes que comenzó a prodigarle su amo.
Florentine sintió que la mirada filosa de la gata la atravesaba como una espada.
"Parece una mujer celosa", la ridícula idea penetró en su corazón. No la desechó.
_ Minouche, mira que eres mimosa _ rió Bertrand.
_ ¿Cómo es que tienes un gato? La Santa Inquisición ordenó quemar a todos en la hoguera por estar endemoniados.
Como si la afirmación de Florentine fuese un ataque para ella, Minouche brincó del regazo del Marqués a la falda de la joven, maullando salvajemente y desgarrando la tela con sus uñas.
Florentine, pasmada ante la agresión, ahogó un quejido.
_ ¿Qué le sucede a este animal?, ¿está loco? _ gritó histérica.
Bertrand se apresuró a auxiliar a su prometida.
_ Calma, Minouche, calma. No entiendo que le sucede, ella es dulce y amistosa.
_ ¡Pues conmigo no! _ se quejó dolorida por los rasguños que el felino le provocó en su ataque.
_ Es mejor que nos vayamos a descansar. Hoy ha sido un día agotador _  con gentileza le besó la mano y le acarició las arreboladas mejillas.
La gata no perdió detalle de lo que ocurría y con sigilo se escabulló del salón.
En su alcoba, Florentine respiró seguridad. El miedo acuciante que se apoderó de ella desde su llegada al castillo, lo relacionaba con la presencia enigmática de la gata.
Un golpe suave en la puerta le anunció la presencia de la doncella que la ayudaría a desembarazarse del bendito corset que la ceñía sobremanera.
_ Esta noche habrá tormenta _ la muchacha fue categórica.
_ ¿Cómo lo sabes? La noche está estrellada._ le dijo señalando la ventana abierta.
_ Lloverá, lo ha dicho Minouche.
_ ¡Como es eso! _ se alarmó. "Aquí pasa algo raro", pensó inquieta, atemorizada.
_ Hace un momento le vi pasar una de sus patas sobre la oreja derecha y eso es señal de lluvia. Sus pronósticos nunca fallan.
_ ¿Cómo se salvó Minouche de la hoguera? El dictámen de la Inquisición fue estricto.
_El amo, al conocer la orden, envió a Minouche a Fontainbleu, a una propiedad que posee en medio del campo, lejos del pueblo. Al poco tiempo, no sabemos cómo, la gata reapareció entre nosotros. Flaca y sucia, pero cuando el Marqués la llamó por su nombre, sus ojos se iluminaron y comenzó a ronronear de placer. Como el peligro de ser quemada había pasado, Minouche volvió a ocupar su sitio de privilegio en el castillo para alegría del amo. Aunque, claro, el Marqués prefiere mantenerla oculta en presencia de extraños.
_ ¿Quieres a Minouche, verdad? - tanteó.
_ Le temo, señorita. Mi abuela me contó que los ojos del gato representan las puertas del infierno. Si me permite un consejo, señorita, esté atenta. A Minouche no le agrada su presencia en el castillo.
_ ¿Por qué lo dices? _ Florentine estaba atónita, pero le creía.
_ Minouche no acostumbra trepar y acurrucarse en las camas, prefiere su almohadón que tiene cerca del sillón del amo. Sin embargo esta tarde, mientras usted recorría el jardín, sorprendí a Minouche en su cama.
_ ¿Y eso que significa? _ tembló.
_ Que su muerte se aproxima. Cada vez que sube a la cama de alguien, esa persona muere. Ya sucedió...tenga cuidado señorita.
La furia de un trueno las sorprendió. Se miraron atemorizadas. La lluvia intensa y repentina confirmó la premonición de Minouche. Esa verdad desató el caos en el espíritu desfalleciente de Florentine. "Mañana mismo huiré de este siniestro lugar", se juró.
Antes de marcharse, la doncella repitió:
_ Vigile, señorita, vigile.
Sin poder conciliar el sueño, bajo la luz de una vela, comenzó a leer el Apocalipsis de San Juan. Lejos de serenarla, la lectura la perturbó aún más. Una oración brotó de su boca, una oración pidiendo protección.
La tormenta arreciaba en el exterior, pero también en su alma.
Un ruido constante, parecido a un rasguido contra la madera, despertó su curiosidad.
Tomó el candil y salió de la habitación. Miró hacia ambos lados del largo corredor apenas iluminado por una antorcha. Nada.
Agudizó el oído, el molesto ruido continuaba. Decidió bajar la escalera. Lo hizo con prudencia. Descendió uno a uno los escalones. Llegó a la mitad, cuando divisó una llama titilante en el salón. Apuró el paso.
"Seguramente es Bertrand, le confiaré mi temor. En él puedo,debo confiar. Debemos deshacernos de esa perversa gata".
Ese pensamiento la distrajo. Apoyó mal el pie y tropezó con algo. Cayó con brusquedad golpeándose la nuca en el filo del último escalón. Murió al instante.
El escollo que ocasionó la desgracia se desperezó grácilmente. Con agilidad bajó el último tramo de la escalera, pasando con indiferencia sobre el cadáver de Florentine.
Siguió su camino hasta la biblioteca. Allí estaba Bertrand. Se había quedado dormido estudiando los documentos para la boda. Minouche pasó a su lado acariciándole las piernas con su cola , larga y sinuosa.
Luego se acomodó en su almohadón de terciopelo bermellón y comenzó a ronronear.


"Cuando tú piensas, el gato te comprende aún si tus labios no se mueven ni tu boca pronuncia palabra alguna. Él lee en ti con la mirada de los dioses".  ( Sabiduría egipcia )




martes, 24 de noviembre de 2015

CORAZÓN DE HIELO

"Se lo llevó todo y me dejó en la calle, fuera de mi propio corazón". (Roberto Obregón)


Nuevamente el despertador fue más perezoso que él. Giró somnoliento sobre la cama, buscándola. Su lugar, vacío.
"Estará preparando el desayuno", pensó ilusionado por una taza de café fuerte y amargo.
Era la tercera vez que esa semana llegaba tarde al trabajo. La reprimenda sería severa. No se preocupó, sabía que lo necesitaban.
"Una afeitada rápida", se dijo observándose con detenimiento en el espejo del baño.
Al buscar el jabón algo le llamó la atención. En una de las repisas, cerca de una pila de toallas dobladas con prolijidad, había una hoja de papel en la que resaltaba la letra de su mujer. Una carta. Curioso, la leyó.
Desde el primer renglón, su mundo se desmoronó.
Amor:
         Esta situación es insostenible. La mentira debe terminar. Hoy mismo hablaré con él.
No tolero que me toque. Cuando me besa, imagino tus labios; cuando me acaricia, imagino tus manos sobre mi piel...Vivo una constante tortura.
Ansío estar contigo, yacer contigo; con nadie más. Sueño con disfrutar de tu cuerpo centímetro a centímetro sin miedo, sin remordimientos.
Sé que la verdad lo destruirá, pero no hay alternativa. Hoy se acaba la farsa.
                                                                Tuya
Las piernas le flaquearon. Mareado por el golpe recibido, se sentó en el piso de mosaico.
"Un amante...¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?...Pensé que me amaba, que éramos felices...¿qué pasó?, ¿tan ciego soy?".
El hombre quedó abrumado, aturdido.
Con lentitud caminó hacia la cocina. Ella lo interrogó con la mirada y al descubrir la carta en la mano de él, se inquietó.
_ Pensaba decírtelo esta noche _ tartamudeó.
_ ¿Desde cuándo?
_ Bastante
_ ¿Bastante? No lo entiendo...¿en qué te fallé? _ le gritó ofuscado.
_ Me gustan las mujeres, siempre me han gustado. Por cobardía, por miedo a los prejuicios, al "qué dirán", disfracé mis sentimientos, pero ¡ya no!._ lloró.
Otro golpe inesperado, directo a su virilidad.
Todo terminó sin demasiadas palabras, sin demasiados reproches.
Quedó devastado. Se juró no involucrarse en nuevas relaciones. Ella lo dejó vacío.
Un frío intenso se apoderó de él y se sintió incapaz de volver a amar. Su corazón, de hielo.


"Si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre hielo, y esperaría a que saliera el sol".
(Gabriel García Márquez)

lunes, 23 de noviembre de 2015

ECOS DE AMOR

DOS BESOS QUE A UN TIEMPO ESTALLAN,
DOS ECOS QUE SE CONFUNDEN,
ESO SON NUESTRAS ALMAS.         ( Bécquer)

Nueva York,1968
Los prisioneros del campo de concentración, caminan con dificultad uno detrás del otro. Están flacos y cubiertos de sarna. Se les obliga a recoger madera en la selva. A menudo se caen y los guardias los golpean con la culata de sus armas...

Se despierta gritando. Desesperada enciende la luz y se tranquiliza. La misma pesadilla. Se sirve un vaso de agua y toma una decisión: hará el viaje.
Al atardecer tiene el equipaje listo. Cierra los oídos a las quejas de su madre. Nadie, absolutamente nadie la hará cambiar de opinión.
Unos días atrás, una esperanza nació en su corazón torturado luego de leer un artículo que descubrió al pie de una de las páginas del New York Times:
                                           
                                      LOS GENIOS RECIBEN DESEOS POR ESCRITO
Nueva Delhi_ Quienes quieran conocer los deseos secretos de la gente de Nueva Delhi, pueden hallarlos aquí, en súplicas pegadas a la pared de un castillo del siglo XlV, dirigida a seres sobrenaturales creados de fuego sin humo.


Quizá su tormento la impulsa a viajar hasta ese remoto país y realizar el insólito rito. La impulsa un presentimiento venturoso. Recuerdos sensuales, sensaciones embriagantes, que como deliciosos ecos de amor, bregan por la intrépida travesía.
_ Es una locura, hija, sobre todo en este difícil momento.
_ ¿Qué tiene de particular este momento?_ le responde molesta.
_ ¡Es que únicamente lees noticias ridículas!. ¿No te has enterado que la China comunista amenazó a la India?...¡Que la semana pasada probó la bomba de hidrógeno!
_ Madre, no exageres _ se harta de tanto lamento._ Lo tengo decidido, me voy.
_ Entiendo tu preocupación...
_ ¿Preocupación?, ¿preocupación?. Estoy destrozada, descarnada...El hombre que amo que lo es todo para mí, hace seis meses que partió hacia Vietnam y todavía no sé nada de él, madre, ¡nada! _ explota.
_ Y, ¿qué piensas?, que unos djinn o genios salidos de "Las Mil y una Noches" protegerán a tu marido. ¡Qué grandísima tontería!¿Por qué no lo encomiendas a Dios? No es necesario ir a la India...
_ ¿A Dios?, ¿qué Dios?. ¿Al Dios que tanto recé por la vida de mi hermano? ¿Me escuchó?, ¿escuchó tus ruegos, madre?...Entiende, te guste o no, estes de acuerdo o no, ¡lo haré!
Se despide con un beso rápido. La madre la ve partir tras una utopía, tras una ilusión y llora por el dolor de su hija.
Al llegar a su destino, la joven no pierde tiempo. Detiene un taxi modelo Ambassador, y le pide que la lleve hasta el castillo Firoz Sha Kotla. El conductor asiente y sonríe. "No se preocupe señorita, los djinn leen a gran velocidad. Su deseo será atendido".
Ella recién comprende la extraña frase del taxista cuando avista el castillo. No da crédito a lo que ve. Las paredes del edificio están inundadas de papeles. Todas peticiones.
"Oh, Allah, mi alma desespera. ¡Que mi amado vuelva a mí!", escribe con rapidez y letra clara.
Lo pega sobre otro papel y regresa al hotel aliviada.
Una semana después, ya en Nueva York, recibe un telegrama del Gobierno.
"El teniente Stevens, herido en acción y tomado prisionero en Hanoi, ha sido liberado y retorna a su hogar en breve."
Lágrimas de alegría bailan en su rostro : "Nada de lo que hice fue en vano. Mi viaje resultó mágico".

"Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón" (Noel Clarasó)




sábado, 21 de noviembre de 2015

CUERVO, HERALDO DE LA MUERTE

Los círculos del ocultismo hablan sobre la participación del cuervo como un guía de las almas de los muertos al otro mundo. Sin embargo, existen ocasiones donde el fallecido pereció injustamente o no era su tiempo de morir. Entonces, el alma que no puede descansar, regresa para reparar el daño sufrido, y lo hace bajo la apariencia de un CUERVO.



Año 1700. En un misterioso castillo medieval de estilo gótico, se celebra una boda.
El Conde, famoso por su carácter posesivo, desposa a una joven y hermosa dama, que tras el velo de encaje sufre su quebranto, añora el amor perdido, añora al dueño de su corazón.
Por una absurda imposición paterna debe encadenar su vida a un hombre que teme y detesta.
El banquete concluye. El Conde le toma la mano con cortesía y perturbado por el deseo, la conduce a la alcoba conyugal.
Ella, con diplomacia, intenta retrasar el momento; pero él se opone, se envara por la resistencia de la dama.
Furioso, la arroja sobre el mullido tálamo, testigo silencioso del vendaval de violencia que se desata.
Ciego de cólera y pasión, desgarra sedas y brocados hasta llegar a la nívea piel, que por largo tiempo codició y que hoy le pertenece.
La penetra sin contemplaciones y el secreto de la mujer se revela. No es el primero.
Fuera de sí, aprieta con virulencia el delicado cuello provocando la muerte.
Con asco se aleja del cadáver. Se sirve una copa de vino añejo. Compara el color del líquido que está bebiendo con el morado del rostro de la joven y ríe desquiciado.
Con fría serenidad , llama a sus dos sirvientes de confianza. Les ordena que se deshagan del cuerpo. Pasmados, obedecen sin preguntas.
A la mañana siguiente, el Conde convoca al padre de su esposa. Indignado, le comunica la triste noticia.
_¡Maldito! Nunca imaginé semejante engaño _ vocifera.
El anciano, pálido como la luz de la luna, está desconcertado.
_ No entiendo, ¿cuál engaño?
_ Tú tonta hija no soportó mis embates, por cierto, gentiles, como corresponde a un caballero y murió entre mis brazos.
_ ¿Cómo es posible? _ llora el padre.
_ El médico me ha dicho que su corazón no ha resistido, que siempre ha sido muy débil.
_ ¡Mentira!, es una vil calumnia, mi hija no padecía...
El pobre hombre calla ante la mirada asesina del Conde. Sabe que no debe contradecir sus dichos, sino, la muerte, como la espada de Damócles, penderá sobre su cabeza.
Se suceden las estaciones: otoño...invierno... En los albores de la primavera, los campesinos se alarman ante una plaga de cuervos que asola sus sembradíos.
Temen ante esta siniestra presencia que anuncia desgracias. Para ellos el cuervo es el heraldo de la muerte.
Una noche de luna llena, uno de los cuervos alcanza la ventana del dormitorio del Conde.
Lo contempla, lo horada con odio.
El Conde duerme profundamente.
Con un suave batir de alas se apoya sobre el prominente abdomen de su presa. El hombre abre los ojos repentinamente y ahoga un grito. El cuervo se abalanza sobre el rostro y le extirpa los ojos, lo destroza con ira.
Mientras se desangra, escucha la voz, dulce y melodiosa de su víctima:
"He vuelto por ti, para vengar mi muerte...Ahora puedo descansar en paz".


Aún con tu cresta cercenada y mocha _ le dije_
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la rivera nocturna.
¡Dime cual es tu nombre!
Y el cuervo dijo: "Nunca más".  ( Edgar Allan Poe )






jueves, 19 de noviembre de 2015

NUEVE LUNAS

Esa noche se amaron con intensidad, como hacía mucho tiempo que no lo hacían.
Hasta la luna, que curiosa los observaba a través de las cortinas de gasa, se ruborizó por la vehemencia de los amantes.
Exhausta, se durmió entre sus brazos; mientras el encendía un cigarrillo.
Una tormenta de recuerdos lo abrumó, lo emocionó...Aún tenía grabado a fuego en la memoria y en el corazón el momento en que la conoció.
Bonita y distante. Su mirada azul lo sedujo; su sencillez, lo atrajo; su sonrisa franca, lo deslumbró y su cuerpo...¡ay, su cuerpo!, sinuoso, ondulante, un laberinto de placeres escondidos...lo ofuscó.
Con pasión, recorrió las curvas de su mujer que continuaba dormida, satisfecha.
Aplastó la colilla en el cenicero que guardaba en el cajón de su mesita de luz. A ella le desagradaba su vicio, aunque no se quejaba cuando fumaba después de hacer el amor.
Tendría que renunciar a esa costumbre, y lo haría con gusto.
Ese día ella lo conmocionó. La noticia lo sacudió; luego de tanta espera, de tanto tratamiento infructuoso...
El sueño que turbó su felicidad, ahora la iluminaba.
Padres...¡Que bella palabra!
Una realidad que se empecinó en ser esquiva y que ahora se cristalizaba con la potencia de un volcán de sentimientos.
Una lágrima furtiva escapó de su rostro y cayó, insolente, sobre el cabello ensortijado de ella.
Una lágrima...una esperanza...un hijo, sello perfecto para el más perfecto pacto de amor.



VOCES DEL MÁS ALLÁ

Llueve. La joven camina apresurada por las estrechas callecitas de piedra. Intenta llegar al museo antes de la hora de cierre. Falta poco para eso, no puede volver a su país sin visitarlo. Su padre se lo había recomendado muy especialmente despertando su ávida curiosidad.
Agitada por el apuro, llega a tiempo. Compra el ticket y corre a la sala de momias, su principal objetivo.
La sala está desierta, todos los visitantes ya se han ido.
El ambiente está a media luz para no perjudicar la conservación de los importantes hallazgos arqueológicos.
Se detiene ante una escena que la estremece. Una adolescente junto a dos niños, las momias de Llullailloco, encontradas cerca de un volcán y conservadas excepcionalmente. Parecen dormidos.
La joven permanece hipnotizada observándolos.
Lee: "Ofrecidos en sacrificio a las deidades de su pueblo".
Se ofusca ante semejante acto de barbarie. "Tan pequeños e inocentes.¿Cómo lo permitieron los padres?", piensa contrariada.
"Por amor", las palabras le llegan claras. "Por amor", se repiten como un eco que estalla en su cabeza.
Se sobresalta. Mira a su alrededor. Nadie. "Mi imaginación me está jugando una mala pasada", piensa asustada.
Al volver la vista a las momias, su corazón se detiene al toparse con el rostro momificado de la adolescente, que detrás del vidrio de la cabina climatizad, le sonríe mostrando una dentadura increíblemente conservada.
"No es tu imaginación, soy yo. Por amor, nuestros sacerdotes nos entregaron a las wakas ( dioses) para salvar a nuestro pueblo de una gran peste que nos estaba aniquilando. Fue un honor para nosotros tres que nos hubieran elegido".
Un sudor helado baña el cuerpo de la joven.
"Estoy soñando, es imposible lo que estoy viviendo", intenta tranquilizarse.
"No es un sueño. Preguntaste y yo te respondo mi verdad".
Temblando y con paso rápido busca la salida. Una vez fuera del museo, entra a un bar, pide un pisco y reflexiona : "La momia me habló, no tengo dudas. Si lo cuento, nadie me creerá...pensarán que enloquecí".
Cuando llama al mozo para pagar la cuenta, observa consternada un altar en un rincón alejado de los clientes, provisto de frutas, dulces, flores amarillas y naranjas, y calaveritas hechas de azúcar.
Desconcertada, le pregunta el significado del singular retablo.
"Señorita, hoy se festeja el Día de todos los Muertos, el día en que las ánimas benditas salen de los cementerios y aparecen en algunos lugares."
Atónita pide otro pisco.

martes, 17 de noviembre de 2015

MARGARITA, AMOR INFINITO

Basada en un historia real de la historia Argentina, acontecida durante el sanguinario gobierno de Juan Manuel de Rosas ( 1823-1852 ).

"Por una mirada, un mundo,
 por una sonrisa, un cielo,
 por un beso...¡yo no sé
 que te diera por un beso!"  ( A. Bécquer )


Guerras intestinas asolan el país. Hermano contra hermano rivalizan por el poder. La muerte devora a diestra y siniestra. El miedo sobrecoge, enmudece, aún al más valiente.
Y en ese mar de sangre y traiciones, emerge un amor puro y sublime.
Ella, Margarita, es apenas una niña, frágil y delicada en apariencia; pero de espíritu indómito y aguerrido.
Él es un General osado, de principios honorables, envuelto en las luchas por la organización nacional.
Ella lo ama en secreto, anhela sus besos, sus caricias.
Él, poco dado a conversar, siempre admira de lejos la singular belleza de la joven.
Margarita oye hablar de su heroísmo, de como casi pierde la vida en una batalla...su alma, trémula, llora ante semejante posibilidad. "¡Que sería de mí si la muerte me lo arrebatara!".
Lo contempla y sonríe: "Yo te cuidaré", se jura temeraria ante las amenazas de la Parca.
Su juramento pronto se cristaliza. El General es tomado prisionero.
Ella, una señorita de sociedad, burlándose de los prejuicios de su época pacata, que señala y juzga, va a verlo a la cárcel.
Se arroja en sus brazos sorprendiéndolo. Aturdido y avergonzado por su aspecto...harapiento, la barba crecida, el pelo indómito...se atrinchera en el rechazo.
Margarita no se amedrenta. Lo visita día tras día; su objetivo, derribar el muro que los separa.
Le lleva libros, papel, tinta y velas. Provista de un costurero, le remienda la ropa.
Cuando lo ve angustiado y melancólico, le lee en voz alta novelas preñadas de magia y fantasía, como "La piel de zapa", de Honoré de Balzac para que la sonrisa ilumine el rostro de su amado, esa sonrisa que la cautiva y enciende.
Contra todo convencionalismo, Margarita le propone casamiento.
El General se opone, le enumera todo lo que los separa: la edad, la riesgosa situación política...¡él está encarcelado!
Ella depone todos los argumentos. Él, vencido, la ama con pasión.
Se casan en la prisión y ella, milagrosamente, obtiene el permiso para permanecer con el General.
Su primer hijo nace entre rejas, pero Margarita es inexorable, nadie la separará de su hombre.
"No tiene importancia donde nazca. Todo el país es una cárcel".
Finalmente su amado recobra la libertad. Pero poco le dura la tranquilidad a la joven esposa. Su marido retoma el oficio de la guerra, enredándose en políticas absurdas.
Y ella soporta, sufre y ama.
Lo ama con locura hasta el momento de su muerte. "¡Cuánto te he querido!", le susurra antes de abandonarlo por primera vez.
Dicen que antes de morir, el General en su agonía no cesaba de llamarla: "¿Dónde estás amor mío?¿Por qué te escondes en la sombra? Yo no sé el tiempo que hace que te espero".


lunes, 16 de noviembre de 2015

LA CORTESANA

Se ha lavado los pies con agua de loto y repliega su pierna para anudar sus botines. Con dolor piensa en el egoísmo de los hombres. "Nadie permanece conmigo y cuando eso ocurre, es fruto de un corazón mezquino. Juegan conmigo sólo durante un rato..."

Corre el siglo x en la China imperial.
Sentada bajo la sombra de un sauce, a orillas del río Qu, Lili llora su pena.
Menuda, delicada, ojos brillantes como un par de estrellas, piel de porcelana y largos cabellos oscuros. La joven cortesana sueña con un amor prohibido. Un amor que le fue arrebatado con crueldad.
"¡Que tortura mi vida! Encerrada en el gineceo a disposición de mi Señor.
 Desea mi canto, lo divierto con mi voz; desea mi baile, lo complazco con mi ritmo y cadencia; desea mi cuerpo, le permito bucear en él, sumisa y tolerante. Siempre al servicio de sus caprichos...¿y mis sueños?
¿Por qué se me ha negado el derecho a ser feliz?
¡Oh amor mío!, que tiempos aquellos cuando gozaba de tus caricias y me embriagaba con tus besos".
Suspira, un aura de nostalgia la envuelve y gracias a la magia que esconde su alma, nuevamente está en los brazos de su amado.
Alguien la llama. El hechizo se rompe y vuelve a la realidad. Es una de las concubinas, la que más detesta. Es maligna y envidiosa.
Lili apoya en la gramilla húmeda sus pies vendados, sus "pies de loto dorados", y avanza con paso grácil y doloroso.
Las temidas palabras laceran su corazón. "El Emperador te espera en sus aposentos.No olvides el laúd", le ordena socarrona.
Ambas saben que el Amo desea de Lili más que una bonita canción. Desgarrada, suplica clemencia a los dioses, dioses que permanecen sordos a sus ruegos.
El Emperador está prendado de sus pequeños pies, lo seduce su gracioso andar, que se asemeja al balanceo de la flor de loto, mecida por la suave brisa primaveral.
Cierra los ojos y sueña que otra boca besa sus labios de grana; que otras manos recorren ávidas su cuerpo generoso; que otra voz pronuncia tibios susurros de amor a su oído.
Abre los ojos y su sueño se derrumba, se quiebra en mil pedazos.
El rostro que la observa con lujuria, no es el de su amado, de aquel campesino al que alguna vez le entregó sus ilusiones.
Un velo de lágrimas cubre su mirada. "¡Amargo destino que me esclaviza y oprime!"

"Noche profunda. No puedo dormir.
 Me levanto y canto suavemente con mi laúd.
 La luz lunar brilla en las cortinas de gasa.
 Abro mi bata de dormir, y dejo
 Que el fresco aire de la noche bañe mi cuerpo.
 Voy y vengo sin descanso.
 Mi corazón está todo lastimado
 Por los afligidos fantasmas que lo rodean".  ( Yuan Chi )
 

GUERRERA

Como una crisálida lloro mi encierro.
¡Cuanto detesto a mi cancerbero!
El tiene la llave de mi prisión,
El tiene poder sobre mí.
Sufro y resuello. Quiero liberarme,
Mas no puedo, mi fragilidad es mi enemigo.

Una tormenta borrascosa 
Me hunde en negros abismos, 
Lucho con denuedo por alcanzar la superficie. 
Añoro la tibieza del sol en mi rostro, 
Añoro la luna, y su luz que hiela mi piel,
Añoro la vida circulando por mis venas.

Lucho por mi libertad, bien preciado,
Lucho por mi felicidad, que como agua escurridiza
Escapa, traviesa, de mis manos.
No me debo amedrentar, en algún momento,
en esta vida o en la otra, saldré victoriosa.
Es un juramento.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

NO ME OLVIDES

Basada en una leyenda persa

Se detuvo abruptamente al ver la imagen seductora de una joven en las aguas claras del manantial. La muchacha, de una belleza exquisita, entretejía sus cabellos azabache con pequeñas flores azules. La mirada perdida en la lejanía..."¿Estará soñando con su amado?, reflexionó perturbado, decepcionado.
El ángel, sobrecogido por el sentimiento que aquella sublime criatura encendió en su corazón, descendió de los cielos bajo la apariencia de un vendedor ambulante. No deseaba asustarla. Frenó con fiereza el impulso de abrazarla; de acariciar su piel tersa, luminosa; de embrigarse con su delicado aroma a azahares...
Ella se sobresaltó ante su aparición. "No te asustes, sólo deseo refrescarme, vengo desde un país muy lejano", se atrevió a decir.
Ella le sonrió y él quiso adueñarse de esos labios carnosos y rojos. "Estoy seguro que serán dulces como fresas maduras", suspiró extasiado.
Con atrevimiento, se sentó a su lado. Ella no protestó, lo gozó. La sedujo su gentileza, sus ojos serenos.
El ángel, con adoración, le rozó el cabello.
"¿Sabes la leyenda de esas florecillas que adornan tu trenza?".
La muchacha negó con la cabeza, intrigada.
"Un caballero vestido en su armadura estaba cabalgando a la orilla del río con su prometida. Ella vio un grupo de flores azules meciéndose en el agua, y pidió a su amante que las recogiera. Al intentar llegar a ellas, el caballero se resbaló y cayó al río. La pesada armadura le impidió nadar y comenzó a hundirse en el agua, pero antes arrojó las flores azules a su amada diciéndole : No me olvides...Al igual que ese intrépido caballero que dio su vida por satisfacer el capricho de su adorada, yo sería capaz de repetir la hazaña por ti con tal de ser merecedor de tu amor".
Ella, una pitonisa respetada por su pueblo, captó el aura del joven, brillante, diáfano. Supo con certeza que no pretendía engañarla, no fingía el amor que en ese momento le declaraba.
Ella, decidida y prendada de la singular luz que irradiaba el joven, le entregó su corazón. A partir de ese instante jamás se separaron.
Enterado el Señor de Señores que su mensajero, por un amor carnal, no cumplió con la misión que le había encomendado, tronó desde las alturas.
El ángel experimentó la furia de su Creador en sus entrañas. Avergonzado pero no arrepentido, se presentó ante El.
"¡Cómo es posible que me hayas desobedecido! Dos ciudades fueron destruidas por tu desidia. Te encomendé llevar mi advertencia a Sodoma y Gomorra para que enmendaran su abominable conducta, ¿y tú que hiciste? ¡Te enredaste en los encantos de una damisela! Las puertas del Paraíso estarán cerradas para ambos. ¡Fuera de mi presencia!".
El ángel, desgarrado por el dolor, clamó misericordia, no para él sino para su amada, ajena a su infracción.
"Recibirás mi perdón si renuncias a ella". Las palabras fueron espadas que traspasaron su corazón. No tenía alternativa, ella no se merecía la oscuridad eterna; ella, luz de su vida.
Lágrimas de sangre bañaron el relato que la pitonisa escuchó atribulada. Se rebeló al sacrificio que injustamente se les imponía. El ángel la consoló con besos más dulces que la miel y ella lloró en sus brazos.
El adiós plañidero los sumió en una profunda tristeza.
"¿Te acuerdas de la leyenda que te narré cuando, bellísima, te encontré a orillas del manantial? Hoy, como aquel caballero de armadura, me hundo en las consecuencias de mi irresponsabilidad, me ahogo en un río de amargura. Pero ten por seguro que nunca, ¡nunca! me arrepentiré de haberte amado...de amarte. Y como el caballero te suplico : No me olvides...No me olvides, amor de mi vida...amor condenado por el Eterno, pero redimido por la Misericordia que nos otorga la esperanza de volver a reunirnos pronto, muy pronto..."



viernes, 6 de noviembre de 2015

PALABRAS QUE ATORMENTAN, PALABRAS QUE CURAN

Se despertó de repente, agitada y gritando "¡Auxilio!". Lenguas de fuego la rodeaban, la acechaban vigilando sus movimientos. En un pestañear de ojos, las llamas asesinas la rodearon, se abalanzaron, malignas, sobre ella. Experimentó horrorizada su abrazo fatal que derritió su piel, su carne, sus huesos...Sus cenizas volaron desorientadas en diversas direcciones.
"¡No!,¡no!", se escuchó gritar desesperada.
Una caricia fresca la trajo a la realidad ahuyentando el calor que la consumía.
_Querida, ¿otra vez el mismo sueño? _ le preguntó preocupado.
_ Otra vez_ se limitó a contestar.
Sin agregar palabra escapó a la cocina. Un buen café, cargado y amargo, la ayudaría. Siempre surtía efecto en ella, una droga mágica que desvanecía sus miedos.
El acostumbrado silencio de la mujer, fastidió al marido.
"¡Maldita sea!, nunca acepta mi ayuda. Allá ella y su infierno". Volvió a la cama y siguió durmiendo.
Hacía más de un año que sufría esa pesadilla...desde su último aborto espontáneo. ¿Cuántos habían sido ya?
Dos, tres...La mezquina vida le negaba el milagro de ser madre.
Terminó la noche llorando sobre la mesada, sola, aislada en su dolor.
A la mañana siguiente tomó una decisión. Por fin le contaría a su esposo lo que le estaba sucediendo. Era injusto mantenerlo al margen, él sufría también y su silencio estaba produciendo una grieta en su pareja.  Esa pesadilla era un quiste que debía extirpar, sino acabaría enloqueciendo.
Se sintió reconfortado, ella volvía a confiar en él.
_ Debemos recurrir a un profesional, a un psiquiatra.
_ ¿Un psiquiatra?, ¡no estoy loca! o quizás...sí, no se que me pasa. Me siento perdida.
El la convenció y arregló una cita.
El psiquiatra luego de escuchar sin inmutarse a la mujer, le propuso una sesión de hipnósis.
La pareja cruzaron la mirada confundidos.
_ Es lo más conveniente para estos casos. Debemos bucear en el inconsciente para descubrir el quid del trauma. No se asusten, es un procedimiento en el que tengo una vasta experiencia. Piénsenlo.
Esa noche lo discutieron.
Una nueva repetición de la pesadilla, lo decidió.
El psiquiatra, luego de indicarle que se recostara en un diván de terciopelo azul, comenzó con una fase de relajación profunda.
_ Descanse, cierre los ojos. Imagine que se encuentra en un valle fértil. Camina feliz por un campo de girasoles en flor. El sol le entibia el cuerpo. Muy cerca, el murmullo de las aguas de un río, pacifica su espíritu. A lo lejos divisa una sierra. Se dirige a ella. Con paso lento, muy lento, comienza el ascenso...anhela alcanzar la cumbre. El canto de los pájaros la anima. Sube...sube...sube...Preste atención, en el momento que le ordene despertar a la cuenta de tres, lo hará sin dudar, ¿ha entendido?.
La mujer movió afirmativamente la cabeza. Parecía dormida, completamente distendida, laxa. Su marido, expectante.
Así, con la voz pausada y monocorde, diciendo las palabras adecuadas, el facultativo la indujo a un estado de trance. Era imperioso que ella le fuera receptiva...cuerpo etéreo, mente lúcida.
_ Ha llegado a la cima. Se recuesta bajo la sombra de un arbusto, satisfecha por su logro. Su sangre fluye suavemente; llega a todos los rincones de su cuerpo. Sus pies son livianos; igual pasa con sus piernas...sus pantorrillas...sus muslos. El cansancio por la escalada la abandona...está relajada...lo disfruta. Concéntrese. Comienza a tener sed, muchísima sed, la garganta le quema, el cuerpo le cuece...estalla en llamas, se desespera, no consigue sofocar el fuego que la consume...
La mujer comenzó a retorcerse y a gritar con la voz de una niña pequeña, una niña que apenas sabe expresarse.
"Mamá, por favor, abre la puerta. Prometo portarme bien, no me encierres. Tengo miedo, mucho miedo. Mamá, por favor, no quiero ir al infierno, seré buena...no quiero arder en el fuego eterno".En este punto crítico, el psiquiatra intervino.
_Tranquila pequeña, empuja la puerta, no tiene llave, puedes salir, no estás encerrada.
La respiración de la mujer se apaciguó. Una sonrisa se dibujó en su rostro.
_ Logró salir. Nuevamente está tranquila, a salvo, descansando bajo la sombra, una brisa suave la refresca. Ya no tiene sed, las aguas del río la calmaron. Ahora levántese y comience a descender, lento, muy lento...A la cuenta de tres se despertará, tres...dos...uno.
La mujer enfocó la visión en su marido. Lo vio pálido, aturdido.
_ Doctor,¿qué pasó?
_ ¿Cómo se siente?
_ Bien, estupenda.
_ Perfecto. Del mismo modo que la hipnosis utiliza la palabra para curar, usted estaba enferma por las palabras de su madre. Los términos que empleó con usted de pequeña, para castigar su conducta, la mataron, le provocaron una herida que supuró todos estos años y que hoy pudimos restañar. Y sin miedo a equivocarme, opino que allí anida la traba que le impide quedar embarazada. Confíe en lo que voy a decir...Hoy vuelve a nacer.




miércoles, 4 de noviembre de 2015

FLOR DEL VIENTO


Basada en una leyenda de la mitología griega.

En un inmenso jardín, oculto a la mirada humana, habitaba una hermandad de ninfas gobernada por Cloris, la Reina de las Flores, de enorme atractivo y encanto.
Su gran amor era Céfiro, el Espíritu del Viento, quien todas las tardes solía visitarla para endulzar sus oídos con bellos poemas de devoción.
En el mismo prado vivía Tytania, una ninfa de exquisita belleza y alma generosa. Todas sus hermanas acudían a ella cuando se encontraban en problemas; siempre hallaban en ella una palabra de aliento y una sonrisa que les entibiaba el corazón. Conocedora del arte de curar, prestaba sus servicios con diligencia y sabiduría.
Céfiro reparó en ella una mañana de verano mientras Tytania nadaba en una laguna de aguas luminosas. Las suaves y armoniosas curvas de su cuerpo lo hipnotizaron, y su mirada verde, como infinitos valles fértiles, lo hechizó.
A partir de ese momento se convirtió en su sombra, la perseguía con galanteos que manifestaban la pasión que ella le encendía.
Le declaró su amor regalándole una corona de rayos de luna engarzados en plata, fabricada por las Ánimas de la Noche.
Enterada Cloris de la traición de Céfiro, celosa e irritada, juró vengarse en la dulce Tytania. Sin piedad, la expulsó de la seguridad de su jardín al bosque salvaje para que allí muriera.
Perpleja por el castigo que le impuso su Reina y acompañada por el llanto de todas las ninfas, devastada abandonó su hogar.
Senderos sinuosos la condujeron a un páramo solitario entre las montañas. Descansó en la orilla de un pequeño lago. Se quedó profundamente dormida sobre un colchón de musgo que suavizó la dureza del suelo rocoso. Soñó con su amado, la rescataba de la horrenda pesadilla.
Al enterarse del nefasto castigo, Céfiro enloqueció. Siniestros nubarrones cubrieron el cielo del extenso jardín, profetizando la hecatombe.
Las ninfas, presas del terror, corrieron a buscar refugio.
Cloris, asustada por la reacción de su amante, imploró su perdón, pero la decisión ya estaba tomada. Un feroz tornado pasó arrasando cuanto encontraba a su paso. Lo destruyó todo.
Cuentan los que pasan por esos lares, que una melodía oscura, áspera y de extrema tristeza, brota de las rocas, sobrevivientes del desastre. Es el canto atormentado de las ninfas que narran su cruel destino, signado por el encarnizado Espíritu del Viento.
Tytania agonizaba cuando por fin Céfiro logró dar con ella.
"Amada, no permitiré que mueras por la inquina de una malvada", y posando sus labios sobre los de ella, le insufló un hálito de vida que la convirtió en una blanca y graciosa flor.
"De ahora en adelante, te conocerán con el nombre de Anémona, "flor del viento", para que todas las generaciones sepan de mi amor por ti, que es más fuerte que la muerte".

martes, 3 de noviembre de 2015

DE PRÍNCIPES Y PRINCESAS...

Esa tarde lluviosa se sentaron muy juntas en su sillón preferido, muy cerca del ventanal que daba a un jardín en flor.
Un delicioso aroma a limón flotaba en el ambiente. En una pequeña mesa de algarrobo, el fragante té de menta ya estaba servido en dos coquetas tazas de porcelana.
_ Este budín está riquísimo abuelita _ exclamó entusiasmada la niña golosa.
_ Lo hice especialmente para ti.
_ Gracias abuelita_ y una sonrisa juguetona le iluminó el rostro. Al instante se puso seria y con toda solemnidad le preguntó:
_ Abuelita, el príncipe azul, ¿existe?
La inesperada pregunta la sorprendió y descolocó al mismo tiempo.
_ Claro que si _ le mintió. ¡Cuánto le divertían las pláticas con su nieta! _ Acaso no te he contado cientos de historias en donde el Príncipe rescata a la Princesa de las garras siniestras de la Bruja y ...
_ Sí, sí..."y comieron perdices y fueron felices", pero lo que yo quiero saber es si existe en la vida real. Por ejemplo, el abuelo, ¿es tu Príncipe Azul?.
La mujer se quedó perpleja. Una pregunta tan inocente la hizo tambalear; cientos de recuerdos se agolparon en su memoria.
¡Cuántas veces ella misma soñó con conocer a su Príncipe Azul! Tantas veladas imaginando el rostro de aquel que la haría feliz, de aquel a quien le entregaría su corazón...Un príncipe gentil, que la amaría con intensidad, que sería su sostén en los momentos amargos y de desasosiego, que siempre la animaría a luchar, sin perder la esperanza, en los momentos de crisis y caos...Pero, sobre todo, que la haría reír. "Amo reír. La risa me sana, es mi bálsamo mágico", se dijo al tiempo que pensó con nostalgia,"Sí, pequeña, busqué a mi Príncipe, lo esperé con ilusión...nunca llegó".
_ ¡Abuelita!, el abuelo, ¿es tu Príncipe Azul? _ le repitió con insistencia sacándola de sus pensamientos.
_ Sí, mi amor _ volvió a mentir forzando una sonrisa.



"Si algún día me ves triste no me digas nada, sólo quiéreme.
 Si me encuentras en la soledad de la oscura noche no me preguntes nada, sólo acompáñame.
 Si me miras y no te miro no pienses nada, compréndeme.
 Si lo que necesitas es amor no tengas miedo, amáme.
 Pero si alguna vez dejaras de quererme no digas nada.
 Recuérdame". ( Mario Benedetti )

domingo, 1 de noviembre de 2015

ROMPER CADENAS

Galopa exultante sobre las arenas blancas. El viento juega con sus cabellos, que traviesos, escapan del moño que los sujeta. El clamor de las olas la excita, el aroma salobre del mar la embriaga.
El sol la baña con su luz y calor, su piel canela se alboroza.
Se aferra a su níveo corcel, lo abraza con pasión, como si fuera su príncipe enamorado. Con la fusta apura el galope.
Lágrimas de alegría se funden con el sudor de su cuerpo joven, fibroso.
Ebria de libertad, se aferra con los talones a los flancos del caballo, levanta los brazos al cielo y bendice su suerte.
De repente, un sonido discordante con la belleza que la rodea, sobresalta sus sentidos. Es como un aguijón venenoso que intenta corromper la paz que la envuelve y protege.
El sonido se vuelve grito, un grito agrio, quejumbroso, autoritario, déspota...
"_ ¡Arriba haraganas, holgazanas del demonio! Todas al patio. Una ducha helada las hará entrar en razón. ¡Abrase visto, rebelarse a las disposiciones de la Directora! ¡Zorras, malditas rameras! ¡Arriba, no lo repito más!".
Su corazón da un vuelco. Su maravilloso sueño hecho trizas por la cruel realidad.
Mientras la guardiana la empuja con furia por los lóbregos pasillos de la prisión, ella piensa, "Réprobo, me robaste la dignidad, me robaste la libertad, ¿qué mas puede arrebatarme el destino en tu nombre? Ya nada importa, sola en este agujero inmundo. Una cosa me mantiene en pie, el recuerdo de tu rostro sorprendido, incrédulo, cuando te disparé tres veces con vehemencia. Satisfecha saboreé mi liberación, más dulce que la miel.


"La libertad es una sensación. A veces puede alcanzarse encerrado en una jaula, como un pájaro".
 ( Camilo José Cela)