lunes, 16 de noviembre de 2015

LA CORTESANA

Se ha lavado los pies con agua de loto y repliega su pierna para anudar sus botines. Con dolor piensa en el egoísmo de los hombres. "Nadie permanece conmigo y cuando eso ocurre, es fruto de un corazón mezquino. Juegan conmigo sólo durante un rato..."

Corre el siglo x en la China imperial.
Sentada bajo la sombra de un sauce, a orillas del río Qu, Lili llora su pena.
Menuda, delicada, ojos brillantes como un par de estrellas, piel de porcelana y largos cabellos oscuros. La joven cortesana sueña con un amor prohibido. Un amor que le fue arrebatado con crueldad.
"¡Que tortura mi vida! Encerrada en el gineceo a disposición de mi Señor.
 Desea mi canto, lo divierto con mi voz; desea mi baile, lo complazco con mi ritmo y cadencia; desea mi cuerpo, le permito bucear en él, sumisa y tolerante. Siempre al servicio de sus caprichos...¿y mis sueños?
¿Por qué se me ha negado el derecho a ser feliz?
¡Oh amor mío!, que tiempos aquellos cuando gozaba de tus caricias y me embriagaba con tus besos".
Suspira, un aura de nostalgia la envuelve y gracias a la magia que esconde su alma, nuevamente está en los brazos de su amado.
Alguien la llama. El hechizo se rompe y vuelve a la realidad. Es una de las concubinas, la que más detesta. Es maligna y envidiosa.
Lili apoya en la gramilla húmeda sus pies vendados, sus "pies de loto dorados", y avanza con paso grácil y doloroso.
Las temidas palabras laceran su corazón. "El Emperador te espera en sus aposentos.No olvides el laúd", le ordena socarrona.
Ambas saben que el Amo desea de Lili más que una bonita canción. Desgarrada, suplica clemencia a los dioses, dioses que permanecen sordos a sus ruegos.
El Emperador está prendado de sus pequeños pies, lo seduce su gracioso andar, que se asemeja al balanceo de la flor de loto, mecida por la suave brisa primaveral.
Cierra los ojos y sueña que otra boca besa sus labios de grana; que otras manos recorren ávidas su cuerpo generoso; que otra voz pronuncia tibios susurros de amor a su oído.
Abre los ojos y su sueño se derrumba, se quiebra en mil pedazos.
El rostro que la observa con lujuria, no es el de su amado, de aquel campesino al que alguna vez le entregó sus ilusiones.
Un velo de lágrimas cubre su mirada. "¡Amargo destino que me esclaviza y oprime!"

"Noche profunda. No puedo dormir.
 Me levanto y canto suavemente con mi laúd.
 La luz lunar brilla en las cortinas de gasa.
 Abro mi bata de dormir, y dejo
 Que el fresco aire de la noche bañe mi cuerpo.
 Voy y vengo sin descanso.
 Mi corazón está todo lastimado
 Por los afligidos fantasmas que lo rodean".  ( Yuan Chi )
 

1 comentario:

  1. Es una historia triste, pero la has narrado con muchísima belleza, me ha encantado. Un beso, Haydee

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