martes, 16 de febrero de 2016

YO, LA MARGINAL

"Sola voy con mi pena, sola va mi condena..."
Mi nombre no tiene importancia, ni yo lo recuerdo.
¿De dónde vengo? Prefiero olvidar.
¿Dónde vivo? En la calle. Hace veinte años que la calle es mi hogar, mi maldito y entrañable hogar.
Soy la escoria de la sociedad, así me hacen sentir las personas que pasan a mi lado y voltean su rostro. Mi ropa sucia, mi cabello enredado, mis zapatos agujereados y mis bolsas de indigente los asquean, los perturban. Aunque prefiero esa reacción a la compasión, sentimiento que me hunde aún más en la desolación porque me hace consciente de mi propia ruina.
En todos estos años nunca tuve un momento de felicidad.  Siempre revolviendo en la basura, buscando algo para comer, alguna colilla de cigarrillo...algo que te ayude a pasar el día, a soportar la noche.
El vino es mi fiel compañero, limosna que obtengo...botella de vino que compro.
Me convertí en alcohólica sin darme cuenta. Necesito el vino para soportar mi vida en la calle, para soportar los recuerdos que me torturan.
Todo lo que me rodea es hostil, la ciudad, el clima, la gente, todo. Soy un engorro que incomoda. Odio tener que pedir limosna, pero no me queda otra alternativa. Es un momento de tremenda humillación, ni en mis peores pesadillas pensé verme en esa situación. Te miran de arriba abajo con desprecio, los incomodas; te temen, ya que por mi aspecto soy digna de sospecha.
No todos me demonizan; algunos me ayudan,pero me advierten : "No te lo gastes en vino". Ellos no saben que el vino es lo único que me da las fuerzas para soportar el frío de las noches, para enfrentar la soledad que hiela mi absurda existencia.
A veces comparto la noche con algún compañero tan destruido como yo. A veces hacemos el amor, otras simplemente, compartimos un cigarrito y una botella de vino. A los sin techo nos une una misma tragedia con diferentes nombres. Somos almas gemelas dentro de la desesperación.
Vivir en la calle es como estar en un mundo paralelo, los marginales como yo y después el resto de las personas, el mundo normal. Para ellos van pasando los años, siguen con su trabajo, la familia...pero yo sigo parada en el mismo lugar, en el mismo agujero fétido.
Estoy enferma, la humedad del suelo en el que me tiro para dormir y la mala alimentación me están aniquilando. La muerte sería una solución para escapar de este cruel destino.
Muchas veces me pregunto que hice de malo para recibir semejante castigo. Nunca encuentro la respuesta, o quizás, me niego a descubrirla por temor a una verdad lacerante.
Este es mi vía crucis y a él me entrego dócilmente...estoy vencida, ya no existe un milagro para mí....


"El infortunio, el aislamiento, el abandono y la pobreza, son campos de batalla que tienen sus propios héroes".  Víctor Hugo.

Inspirado en un reportaje a un hombre que vivió durante quince años en la calle.

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