miércoles, 30 de marzo de 2016

LÁGRIMAS, SANGRE DEL ALMA

Lágrimas amargas viajan a través de sus heladas mejillas.
Amor frustrado, amor furtivo, amor perverso
¿dónde te escondes?, ¿es que has existido alguna vez?,
¿o quizá fue un dulce espejismo 
que impregnó de romanticismo su perdida juventud?
El corazón golpeado por tantas humillaciones
involuntario sangra.

Lágrimas amargas, desahogo y consuelo
de un espíritu, que la violencia 
se empecina en velar su luz,
en amedrentar su confianza.

Lágrimas amargas viajan a través de sus mejillas heladas, 
tramposo destino que con malicia 
confunde la brújula del verdadero amor.
Alma sensible que apostó a la felicidad
y terminó extraviada en las brumas de la angustia.

Lágrimas amargas viajan a través de sus heladas mejillas,
fieles compañeras de un vida que soñó con la magia del amor,
y que la cruel realidad hizo trizas...
  

martes, 29 de marzo de 2016

TODO LO QUE NECESITAMOS

Te conté acerca de un lugar en el que había estado
Era oscuro y yo estaba sumamente solo
Ahora no importa si la brújula falla nuevamente
Porque en tu amor construí nuestro hogar.
Eso es todo lo que necesitamos, oh querida.  Above & Above


miércoles, 23 de marzo de 2016

EL OBSEQUIO

Sigilosa, con cautela, con una intolerante opresión en el pecho, subo los escalones de aquella impresionante escalera de piedra que a medida que asciende se va estrechando. Entre mis dedos sudorosos tintinea el manojo de llaves oxidadas que mi cínico padrastro depositó en mis manos.
"En el altillo encontrarás un obsequio. Ve, búscalo, es para ti", su voz lisonjera me estremece y como de costumbre, lo detesto.
"¿Qué pretende?", pienso inquieta, "A él nunca le importé. ¿Por qué este cambio?".
Pasó un mes de la muerte sorpresiva de mi madre; una mujer joven, saludable, alegre hasta el día de su boda. Todavía no comprendo como pudo enamorarse de ese hombre vil.
A pesar de mi juventud, la semana entrante cumpliré quince años, supe ver como la engatuzó con su galanteo empalagoso.
"Madre, ese hombre es de temer,será nuestra ruina. Huele a muerte", recuerdo haberle advertido. Nunca creyó en mis premoniciones.
"Querida, no seas tonta, es adorable y lo amo", se rió de mi preocupación.
El tiempo me dio la razón. Su salud comenzó a flaquear. Ninguna medicina logró devolverle la lozanía; hasta que finalmente una mañana tormentosa,  el bramido de un trueno espeluznante que sacudió toda la casa, me anunció su muerte.
Mi padrastro se mantuvo frío como una lápida. Su rostro adusto no reveló el menor signo de angustia.
Desde aquel luctuoso día vivo encerrada en mi habitación. Le temo y lo maldigo. Estoy condenada a permanecer junto a él ya que no tengo parientes. Soy un estorbo para él y él lo es para mí.
Y de repente esta reacción amistosa. "En el altillo encontrarás un obsequio. Ve, búscalo, es para ti", sus palabras martillan mis oídos. La oscuridad vela mi mirada, presagio de catástrofe. Me resisto a hacerlo, pero él me empuja, al principio con delicadeza, luego, al notar mi rigidez, con brusquedad. Sin opción, subo.
Mi mano tiembla al colocar la llave en la cerradura. Una vuelta, dos...y la puerta se abre. La oscuridad me engulle. Cuando mis ojos se acostumbran a la lobreguez del recinto, descubro que soy observada por decenas de ojos rojos, incandescentes. Me estremezco.
Pegada a la pared, recorro la habitación hasta dar con una ventana. Corro la pesada cortina. La luz de la luna llena entra sin pedir permiso. A pesar de la tenue iluminación alcanzó a ver lo que me atemoriza. La aprehensión del trance por el que atravieso me hiela la sangre.
Veinte ratas... treinta, quizás, se amontonan inmóviles a mis pies. Tardo en comprender que están embalsamadas. "¡Bonito obsequio!", pienso atónita. Entonces recuerdo una tarde en que, a la hora del té, comenté mi repulsión a los roedores. "Mi corazón dejaría de latir", había exclamado.
"El maldito busca mi muerte. No se contenta con su parte de la herencia, lo quiere todo. ¡Cazafortunas!, siempre lo sospeché".
Me concentro haciendo un tremendo esfuerzo por calmar los espasmos de pánico que recorren mi cuerpo.
"No se saldrá con la suya, yo soy más astuta".
Siempre pegada a la pared, alcanzo la puerta. A salvo. Veloz, cierro la puerta y corro escaleras abajo.
El no está en el salón. "Estará festejando", me regocijo.
¡Hombre necio! Confiaste en mi apariencia frágil, cuando en realidad mis genes esconden un secreto familiar: por mis venas corre sangre de hechicera.  No pude salvar a mi incrédula madre, sin embargo, ese triste suceso aumentó mi fuerzas y conocimientos. Ahora mi venganza será implacable.
Con paso firme llego a la cocina. Lo encuentro sentado a la mesa. La cabeza sobre el plato aplastando un trozo de torta de chocolate. El veneno surtió efecto. Veneno, gula y magia negra, mis amorosos aliados.
"Tu regalo me decepcionó, en cambio, veo que mi obsequio fue de tu agrado. Extraños designios dirigen nuestras vidas, ¿ tú qué crees?..."


jueves, 17 de marzo de 2016

ONIRICO

El día infausto, el día que vivió su peor experiencia onírica, amaneció cubierto de nubarrones. Presagio, quizás, de una fatalidad que se gestaba en una mente diabólica.
Como de costumbre, no desayunó, apenas un té tibio. Tomó sus libros y desganada se dirigió al colegio. Cursaba el último año del ciclo primario. En el recreo, compartió conversaciones atrevidas con sus compañeras; todas ellas despertaban al sexo. El tema las emocionaba y excitaba.
Sin embargo, un sentimiento de congoja le asfixiaba el alma. "¿Qué me ocurre?", se preguntó la niña desconcertada. Nunca antes le había sucedido.
Regresó a su casa sin poder liberarse de esa sensación agobiante. Durante el almuerzo, la conversación con su madre fue breve y concisa. La relación pasaba por un momento crítico. Nadie la comprendía, menos su madre.
Se encerró en su dormitorio, amaba aquella soledad que era su hábitat. Se perdió en la lectura de una novela policial negra. Las manecillas del reloj giraron intrépidamente. La noche la sorprendió con una visita inesperada : su tía más querida., la única que la comprendía y escuchaba sin ofrecer consejos moralistas.
El ánimo de la niña cambió, el sabor amargo que la persiguió durante toda la jornada, se diluyó.
La familia pasó un momento ameno, distendido, disfrutando de la cena; aunque un halo de pesadumbre envolvía a su tía. La niña presintió que aquello era una despedida. Inmediatamente la hiel regresó a su paladar.
Al finalizar ese día extraño, recordó una frase de su madre que le erizó la piel. "Algo raro le sucede a mi hermana. Hace tiempo que la noto triste, perdida en sus pensamientos. Presiento que el marido es el nudo del problema. Nunca me gustó ese tipo".
Se durmió con el alma inquieta.
"Corro por un sendero. El calor y la opresión debido a la tormenta que no resuelve desatarse, acelera mi respiración. Los latidos del corazón me ensordecen. Corro desesperada alejándome de una escena atroz, sanguinaria. Me resisto a volver la vista hacia atrás, la presión es intolerable, el miedo nubla mi discernimiento. Sólo atino a correr, escapar. Siento mis manos pegajosas, las observo extasiada...sangre. ¿De quién? ¡Oh, sí! ya recuerdo...¡de ella! El aullido de un lobo me provoca espasmos de pánico. El terror me acorrala. ¡Auxilio! Nadie escucha, estoy perdida..."
La niña despiertó bañada en sudor, su boca preñada de un grito: "¡Madre!".
Los aullidos de lobo se transformaron en ladridos desaforados. "¿Continúo soñando?", se preguntó tratando de sofocar el temblor de su cuerpo.
Un lamento lascerante, seguido de un llanto amargo, la sobresaltó. "No es una pesadilla, esto es realidad", se quebró.
Corrió, como en su sueño, hasta la habitación de sus padres. Allí su madre estaba sumergida en un ataque de histeria. Su padre, desorientado, caminaba de un lado al otro en sepulcral silencio.
Con inusitada valentía se desembarazó del nudo en la garganta que la estrangulaba y preguntó: "¿Es la tía, no?", aún hoy no se explica como lo supo.
"La mató, el maldito la mató. Le aplastó la cabeza con un martillo", escupió la madre, "la encontraron en un charco de sangre".
"Sangre, ¿de quién?. ¡Oh,sí!, ya recuerdo...¡de ella!"
El presagio le llegó desde la oscuridad y hacia la oscuridad escapó.

NOS PROMETIERON QUE LOS SUEÑOS PODRÍAN VOLVERSE REALIDAD. PERO SE LES OLVIDÓ MENCIONAR QUE LAS PESADILLAS TAMBIÉN SON SUEÑOS.
Oscar Wilde

lunes, 14 de marzo de 2016

LA METAMORFOSIS DE MELUSINE

Adaptación de una leyenda medieval
Las sombras de la noche fueron un excelente disfraz para sortear la guardia y poder alcanzar sin problemas la recámara del rey. El silencio sólo era quebrado por los ásperos ronquidos de los dos soldados que supuestamente debían custodiar a Su Alteza. "¡Perfecto!", se rió complacida.
Se detuvo frente a la enorme cama. Corrió con sigilo el dosel de seda y clavó una mirada siniestra sobre la figura cubierta de mantas. Esperó, con paciencia, que despertara.
Como si intuyera una presencia maligna, el rey, abrió los ojos sobresaltado. "Una maldita pesadilla", pensó.
Sin embargo, la joven vestida de blanco que lo contemplaba fijamente era real.
_ Hija, ¿eres tú?, ¡Melusine! _ la reconoció.
_ Sí padre, soy yo._ la respuesta fue seca, carente de afecto.
_ No te imaginas lo feliz que me hace volver a verte. Ha pasado tanto tiempo...
_ Años.
_ Desde que tu madre me abandonó separándote de mí, la pena me desgarra. Es verdad que ella me permitió contados encuentros contigo, pero eso no alcanzó para curar la herida provocada por la lejanía_ se lamentó.
_ Mi madre te abandonó porque tú no mantuviste tu promesa _ sus palabras eran flechas disparadas al corazón del padre _ No debiste presenciar el momento de mi nacimiento.
Melusine, hija de Elinus, rey de Escocia y del hada Pressina, había descubierto que su padre la había visto nacer contra los caprichosos deseos de su madre. Desde entonces vivía con sencillez en la isla mágica de Avalon, apartada del boato, que por derecho, merecía. Odiaba a su madre que por orgullo la privó de lujos y reverencias; y a su padre, por débil y pusilánime. Los detestaba.
Melusine, presa del resentimiento y la cólera, apoyó su mano sobre el pecho del rey y al instante el corazón cesó de latir.
Satisfecha, regresó a su isla.
_ ¿Qué has hecho insensata? Has asesinado al amor de mi vida. Me vi obligada a abandonarlo porque así estaba escrito en mi destino. Ahora tú deberás pagar esta afrenta _ su madre le recriminó con furia.
_ Pero madre..._ quiso defenderse
_ ¡Nada!, por parricida te condeno a cuidar toda tu vida de la fuente de aguas sagradas y todos los sábados la mitad de tu cuerpo se convertirá en serpiente. Podrás casarte, pero tu marido nunca podrá verte mientras estés en ese estado. Si alguna vez, él falta a este precepto, lo abandonarás y vivirás el resto de tus días como serpiente. Y ahora, ¡fuera de mi vista!.
A partir de ese momento, Melusine vagó por los inmensos bosques de Avalón tratando de encontrar paz para su espíritu.
Todas las tardes, acostumbraba tomar un baño en la fuente sagrada del que era guardiana. Allí la sorprendió el conde Gael, quien prendado de su belleza le propuso matrimonio. Ella aceptó con una única condición, "los sábados debes permitir que me retire a mis aposentos, sin que me veas durante un día y una noche". Su enamorado claudicó sin discutir.
Los años pasaron en armonía y felicidad hasta que una noche, en el transcurso de una fiesta un día sábado en el castillo de la pareja, un primo de Gael, con insidia, despertó dudas en el joven con respecto a la ausencia de su esposa. "Quizás esté en los brazos de su amante..."_ lo acicateó envidioso del amor que demostraban Gael y Melusine.
Acechado por los celos, subió de dos en dos los peldaños de la escalera de piedra que daba a la alcoba de su esposa. Abrió la pesada puerta con violencia y lo que descubrió, lo apabulló.
Melusine dormía serenamente, bella como siempre, sólo que de la cintura para abajo era una serpiente.
Cayó de rodillas; perplejo, estremecido por el cruel hallazgo.
Los sollozos quedos la despertaron. Al darse cuenta de la situación, Melusine estalló en llanto amargo.
Antes de huir de la presencia de Gael, le expresó con infinito dolor:
_ Amor mío, estoy atada a este hechizo que me impide olvidar mi maldad. Tu amor ha iluminado la oscuridad que habita en mi alma, pero no tiene el poder para romper este sortilegio que me atormenta y que tengo merecido. Nuestra historia llega a su fin, siempre te amaré.
Lo besó y ese bello instante de amor, se transformó en preludio de una angustia eterna.
Jamás volvió a verla. Cierta vez, los rumores de la existencia de una gran serpiente que amenazaba a los habitantes del condado que se acercaban a la Fuente Sagrada, llegó a su conocimiento. Desesperado, ordenó que no le hicieran daño. El miedo pudo más, y un intrépido aldeano la mató con una lanza de plata, metal capaz de aniquilar a los monstruos mágicos.
Todas las noches, bajo el tímido titilar de las estrellas, se puede ver a un hombre sentado a orillas de la Fuente llorando su pena, tratando de comprender lo que no pudo ser...

"La luz del sol ciñe la tierra
  y la luna besa los mares,
 ¿para qué esta dulce tarea
 si luego tú ya no me besas?"(P.Shelley)


jueves, 10 de marzo de 2016

DIARIO DE UNA MUJER COMO TANTAS...

Y así, de repente, una ola de recuerdos me sorprende arrastrándome hacia el pasado, un pasado latente en mi sangre, un pasado que marca mi presente, y que seguramente teñirá de experiencia mi futuro.
No creo que el pasado deba quedar en el olvido, creo que las experiencias pasadas enseñan, instruyen, evitan que volvamos a repetir errores. Las tristezas, las alegrías, el dolor profundo...las situaciones límites, los éxitos y fracasos, nos moldean, nos fortalecen. "El pasado es la otra cara de la moneda".
En una etapa de mi vida creí ciegamente en el cuento del cristianismo. Hoy, no. Sin embargo, algunas palabras del Nuevo Testamento quedaron adheridas a mi corazón porque me ayudaron a no ahogarme en el océano de la desolación.
"No te asustes en el momento de la prueba, recuerda que el oro se acrisola en el fuego".
"...derribados, mas no aniquilados..."
Esas dos citas siempre me ayudan a seguir adelante a pesar de la deseperanza o el desconsuelo.
La timidez, durante mi infancia fue una carga demasiado pesada, que sólo mi mundo de fantasía mitigó.
En mi adolescencia, fueron mis dulces dieciséis la etapa más bella y romántica. Mi primer amor...mi primer beso.
En los albores de mi juventud, mi casamiento y la enfermedad de mi padre se entrelazaron. Felicidad y amargura. Luz y sombras.
El nacimiento de mi primer hijo y la muerte de mi padre. Milagro y congoja. Luz y oscuridad.
El tiempo pasa, vuela, se me escapa de las manos...
El dolor me visitó nuevamente, me aplastó. La muerte de mi segundo hijo me quebró, me hundió en el peor de los abismos . Conocí el dolor del alma, un sentimiento atroz. Pensé que no volvería a sonreír. Me equivoqué.
El amor de mi hijo mayor y la confirmación de un tercer embarazo me devolvieron la esperanza, la voluntad de seguir luchando...
Los años continúan desgranándose. La vida, regalo misterioso, se me presenta como un inmenso espectro de acontecimientos, de sentires ensamblados en una gama de colores que van de los más oscuros a los más diáfanos. El secreto está en no anclarse en las tinieblas.
La vida es un toma y daca continuo, donde el protagonista, como el capitán de un barco, lucha por mantener la embarcación a flote. No existe tempestad capaz de destruirlo..."derribados, mas no aniquilados..."

lunes, 7 de marzo de 2016

UNA PUERTA AL CIELO

"La guerra global que se está luchando contra la Jihad islámica no es sólo sobre bombas y secuestro de aviones, es también sobre la opresión de la mujer". Robert Spencer.

Un llanto ahogado inunda la estancia. Es una melodía lastimera, que hiere el alma.
Una joven, apenas salida de la infancia, se encuentra desolada en un túnel sin salida.
Jamás pensó que las tradiciones de su pueblo la perjudicaran, la dañaran. Sin embargo le está sucediendo.
Su padre se ha empecinado en casarla con un hombre treinta años mayor. "¡Una locura! ¡Una aberración!", gime mesándose los cabellos oscuros y lustrosos.
_ Como es posible que mi padre que siempre me ha consentido me someta a semejante sufrimiento. Madre, no lo permitas, intercede en mi favor, te lo suplico.
_ Lo que me pides es imposible. Las decisiones paternas son inapelables, tú lo sabes. _ la mujer comparte el dolor de su hija.
"Siempre he estado sometida y dominada, primero por mi padre y luego por mi marido. Han restringido mis derechos y libertades, han humillado y pisoteado mi orgullo, mi dignidad. Hoy, tú también bebes de esta agua amarga, mi querida niña", pensó vencida la madre.
_ No llores, madre, yo encontraré una vía de escape a mi oscuro destino, ya verás _ dijo entusiasmada.
"No hay escape posible, mi dulce hijita, obedeces o mueres, así de sencillo. El honor de la familia lo antecede todo, hasta la vida de nuestros queridos hijos", la tribulación oprime su corazón.
La mujer recuerda con pesadumbre la desgraciada suerte de su pequeña hermana Aisha. El padre de ambas, un hombre religioso conservador e intransigente, creyendo que había sido violada por un pariente, la decapitó para salvar la honra de la familia.
La evocación de aquellos sucesos la estremece. "¡Que no se repitan! ¡Alá, no lo permitas!", oró en silencio.
_ Hija, debes obedecer a tu padre, el busca lo mejor para ti _ trata de sosegar la rebeldía de la joven.
_ ¡Mentira! Es un tirano que sólo busca su propio beneficio _ grita enfurecida.
_ ¡Calla!, puede escuchar tu queja y será peor. Por tu bien, te suplico que obedezcas._ implora con temor.
_ No te preocupes madre, lo haré_ promete y su madre sonríe.
Sola en su habitación abre el Salat, el libro de oraciones; lo hojea presurosa hasta hallar una hoja suelta.
La letra de su abuela la consuela, allí está el secreto de su liberación. "El día que te sientas acorralada, no lo dudes, repite con fe estas pocas palabras y las puertas del cielo se abrirán ante ti. Este es el mejor legado que puedo ofrecerte mi adorada nieta". 
Se viste con sus mejores ropas, ocultando todo el cuerpo, salvo el rostro y las manos, como lo prescribe el rito. De pié reza en voz baja, nadie debe escuchar su oración:
"Alluhu Akbar, Alluhu Akbar, Alluhu Akbar, Alluhu Akbar  (Alá es el más grande)
Atestiguo que nadie tiene más derecho a ser adorado salvo Alá.
Ven de prisa hacia mi felicidad.
No hay poder ni fuerza excepto en Alá.
Hoy me pongo en tus manos,
Arranca de mí este infierno que destroza mi carne,
Que convulsiona mi sangre.
Concédeme la libertad que añoro.
Hazme libre, rompe mis cadenas.
Que los cielos me acojan brindándome su hospitalidad.
No hay poder ni fuerza excepto en Alá".
Al concluir experimenta un gran cansancio. Cae dormida sobre la cama. Y...no, no es un sueño.
Sus brazos se transforman en alas, su cuerpo se cubre de un níveo plumaje.
Envalentonada cruza la ventana de su habitación, despliega las alas y vuela, vuela alto, cada vez más alto. Los cielos le dan la bienvenida, se regocijan por su libertad.
"Alabado sea Alá, lo que promete, lo cumple. A puesto sus ojos misericordiosos en esta sierva indigna que hoy canta libertad. Alabado sea Alá".









Lamentablemente la realidad no se asemeja en nada a este cuento mágico.
En la ciudad sagrada de La Meca, en marzo del 2002, 15 adolescentes murieron en un incendio ocurrido en una escuela. Cuando la policía religiosa saudita llegó al lugar, no permitió que salieran del edificio porque no tenían el velo puesto.
El 75% de las mujeres en las prisiones de Pakistán están tras las rejas por cometer el delito de "haber sido violadas".
La violación es una mancha para el honor que sólo puede ser limpiada con el asesinato de la víctima.
Muchas mujeres son asesinadas mediante la lapidación por ser culpables de adulterio.
Las mujeres que no usan el velo están vistas como blancos militares. Una mujer argelina que usa velo confesó:
"El miedo es más fuerte que el deseo de ser libre".





martes, 1 de marzo de 2016

ESCUCHA MI RUEGO

Fortaleza celta, año 325 a.C.

En la torre de vigilancia, Killian soñaba despierto:
"Dulce, etérea...cuando caminas pareces desplazarte sobre oro líquido. Hasta la rosa más exquisita palidece ante tu belleza. Y tu voz...maravillosa música que enardece mis sentidos. ¡Oh Alanna, que no daría yo por una noche en tu lecho saboreando tus delicias!".
En ese comprometido estado de ensoñación lo sorprendió el oficial al mando. Lo reprendió duramente, con la promesa de un severo castigo si reincidía en su irresponsable distracción.
Las fuerzas romanas acosaban al poderoso pueblo celta. Debían estar preparados para repeler la invasión. Un error sería devastador.
_ ¡Sácate a esa mujer de la cabeza! Está maldita y tú lo sabes. _ lo reprendió su amigo Cetric.
_ Eso es lo que murmuran las malas lenguas. A ella la persigue la desgracia, sólo la desgracia.
_ ¡Que necio eres!. ¿Desgracia es el nombre del demonio que está prendado de ella? Acabarás muerto como cada uno de sus esposos en la noche de bodas. ¿Cuántos fueron? ¿Siete? ¿Ocho?
_ Seis.
_ Y si persistes, tú serás el séptimo...el séptimo cadáver _ se encolerizó.
Ningún argumento, por más funesto que fuera, convencía a Killian. El desposaría a la bella Alanna y viviría, contra toda predicción para disfrutar de su amor.
Esa misma noche se presentó ante ella con el corazón palpitante. Lo recibió el padre de Alanna y sin poner objeción, le permitió conversar con su hija. La había repudiado hacía ya tiempo, avergonzado del maleficio que la perseguía. Para todos Alanna era anatema.
Ella se alarmó al verlo.
_ ¿Qué quieres? _ le preguntó con furia _ Te lo repito una vez más, no me hostigues, no deseo casarme contigo ni con hombre alguno, ¿¡comprendes!?.
_ Tú eres la que no comprende. Te amo y estoy dispuesto a enfrentar al demonio que te acosa. Lo venceré, ¡te lo aseguro!
Alanna rió con tristeza. Hacía mucho tiempo que la esperanza la había abandonado. ¿Cuántos años habían pasado desde que Asmodeo irrumpió en su vida apropiándose de su alma?
Asmodeo la vio una mañana tomando un baño a orillas del río Tyne. Su desnudez lo atrajo, lo enloqueció. A partir de ese momento, ningún hombre consiguió poner sus manos sobre la sedosa piel de Alanna, ni besar sus carnosos labios. A partir de ese momento, fue de su propiedad. Sólo él disfrutó vistiendo de caricias el cuerpo apetecible de la joven, embistiéndolo cada vez que su capricho libidinoso se lo dictara.
Una parte de Alanna sufría por este ataque sexual, pero aunque avergonzada, no podía negar que también lo gozaba.
Pensó en quitarse la vida; nada la ataba a este mundo...su padre la despreciaba, los sirvientes murmuraban y la trataban con desdén. Sólo en su madre hallaba comprensión, y por ella no bebió el veneno redentor. "No quiero que por mi culpa mi madre baje a la tumba llena de tristeza, bastante escarnio vive ya la pobrecita".
Antes de dormir, una misma oración brotaba de sus labios:
"Dana, Señora Protectora, elevo mi rostro y mis ojos hacia tí. Líbrame de esta tierra para que no oiga más insultos. Compadécete de tu miserable sierva".
Y ahora Kilian prometiéndole la liberación. "¿Si fuera esto posible?", anheló; quizás la diosa había escuchado su persistente súplica.
_ Me casaré contigo _ decidió con temor.
La respuesta impactó al muchacho. "¡Por fin serás mía!", pensó exultante.
_ La noche de mañana sellaremos nuestra unión. No te arrepentirás Alanna. Verás como elimino a
Asmodeo _ declaró con valentía.
El templo quedaba alejado de la población, sin embargo llegó con rapidez. El sacerdote druida era amigo de su padre; él lo ayudaría, estaba seguro. No se equivocó.
_ Primero debes ir al río Tyne y atrapar un pez. Quítale el hígado y el corazón. Cuando entres a la habitación, colócalos sobre el brasero de los perfumes. El olor se extenderá, y cuando Asmodeo lo huela, huirá y nunca más atosigará a tu amada. ¿Por qué tu la amas, verdad? Mira que si sólo te impulsa el deseo carnal, las consecuencias serán terribles.
_ La amo _ se alarmó por las palabras del sabio druida, pero no daría marcha atrás, estaba decidido.
_ Muy bien, toma este trébol sagrado de cuatro hojas, te permitirá ver al demonio cuando avance sobre ti y se desintegre a causa del hechizo.
Killian se marchó satisfecho. "He triunfado".
El padre de Alanna ofreció un banquete para celebrar la séptima boda de su hija. Pocos parientes participaron de la misma. La tristeza y las especulaciones empañaron el enlace.
La madre de Alanna preparó una habitación para los novios. La joven comenzó a llorar amargamente.
"Hija, que la poderosa Dana, cambie tu pena en alegría", deseó enjugándole las lágrimas.
Cuando estuvieron solos, Killian siguió con fidelidad las instrucciones del druida.
_ Oremos Alanna; Morrigán, la Reina de los Fantasmas, nos cubrirá con su manto protector y junto al potente sortilegio del pez, acabará con el cruel Asmodeo.
Luego de encomendarse a Morrigan, se tendieron en el lecho. Asmodeo no tardó en llegar. Killian, con el trébol en la mano lo vio acercarse a ellos enardecido por los celos.
El aroma que invadía la habitación, atacó sus sentidos, pero antes de huir clamó desesperado:
"Esus, dios de la noche, temible guerrero, no permitas que este humano egoísta y soberbio se apodere de mi mujer. Ella es mi más preciada posesión. Yo, Amodeo, la reclamo por toda la eternidad. Escucha mi ruego, te lo imploro".
Esus, hurgó en el corazón de Killian y no encontró amor, sólo deseo y ambición.
Esa noche los amantes se amaron con pasión. Al chocar sus cuerpos, como dos pedernales, produjeron llamas de lujuria que los consumieron.
Grande fue el alivio a la mañana siguiente cuando se comprobó que Killian continuaba con vida. Y grande fue la felicidad de los padres de Alanna al ver a su hija radiante.
_ Tus ojos han cambiado de color _ se sorprendió Alanna al mirar con detenimiento a su marido
_ El inmenso amor que te prodigo es el que ha obrado el milagro _ bromeó.
Se besaron y la inquietante incógnita quedó en el olvido.
Con disimulo, se deshizo del trébol sagrado. Nadie debía comprobar que él, Asmodeo, se había encarnado en Killian.
"El muy iluso creyó poder vencerme. Gracias padre Esus por escuchar mi ruego".