jueves, 29 de junio de 2017

NO ME OLVIDES

"Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo". 
Jorge Luis Borges

 Basada en una leyenda persa
Se detuvo abruptamente al ver la imagen seductora de una joven en las aguas claras del manantial. La muchacha entretejía sus cabellos azabache con pequeñas flores azules. La mirada perdida en la lejanía..."¿Estará soñando con su amado?, reflexionó perturbado, decepcionado.
El ángel, sobrecogido por el sentimiento que aquella sublime criatura encendió en su corazón, descendió de los cielos bajo la apariencia de un vendedor ambulante. No deseaba asustarla. Frenó con fiereza el impulso de abrazarla; de acariciar su piel tersa y luminosa.
Ella se sobresaltó ante su aparición.
"No te asustes, sólo deseo refrescarme, vengo desde un país muy lejano", se atrevió a decir.
Ella le sonrió y él quiso adueñarse de esos labios tentadores. "Estoy seguro que serán dulces como fresas maduras", suspiró extasiado.
Con atrevimiento, se sentó a su lado. Ella no protestó. La sedujo su gentileza, sus ojos serenos.
El ángel, con adoración, le rozó el cabello.
"¿Sabes la leyenda de esas florecillas que adornan tu trenza?".
La muchacha negó con la cabeza, intrigada.
"Un caballero vestido en su armadura estaba cabalgando a la orilla del río con su prometida. Ella vio un grupo de flores azules meciéndose en el agua, y pidió a su amante que las recogiera. Al intentar llegar a ellas, el caballero se resbaló y cayó al río. La pesada armadura le impidió nadar y comenzó a hundirse en el agua, pero antes arrojó las flores azules a su amada diciéndole : No me olvides...Al igual que ese intrépido caballero que dio su vida por satisfacer el capricho de su adorada, yo sería capaz de repetir semejante hazaña por ti con tal de ser merecer tu amor".
Ella, una pitonisa respetada por su pueblo, captó el aura del joven, brillante y diáfano. Supo con certeza que no pretendía engañarla, no fingía el amor que en ese momento le declaraba.
Decidida y prendada de la singular luz que irradiaba el joven, le entregó su corazón. A partir de ese instante jamás se separaron.
Enterado el Señor de Señores que su mensajero por un amor carnal no cumplió con la misión que le había encomendado, tronó desde las alturas.
El ángel experimentó la furia de su Creador en sus entrañas. Avergonzado pero no arrepentido, se presentó ante El.
"¡Cómo es posible que me hayas desobedecido! Dos ciudades fueron destruidas por tu desidia. Te encomendé llevar mi advertencia a Sodoma y Gomorra para que enmendaran su abominable conducta, ¿y tú que hiciste? ¡Te enredaste en los encantos de una damisela! Las puertas del Paraíso estarán cerradas para ambos. ¡Fuera de mi presencia!".
El ángel, desgarrado por el dolor, clamó misericordia, no para él sino para su amada, ajena a su infracción.
"Recibirás mi perdón si renuncias a ella". Las palabras fueron espadas que atravesaron su corazón. No tenía alternativa, ella no se merecía la oscuridad eterna; ella, la luz de su vida.
Lágrimas de sangre bañaron el relato que la pitonisa escuchó atribulada. Se rebeló al sacrificio que injustamente se les imponía. El ángel la consoló con besos más dulces que la miel y ella lloró en sus brazos.
El adiós plañidero los sumió en una profunda tristeza.
"¿Te acuerdas de la leyenda que te narré cuando, bellísima, te encontré a orillas del manantial? Hoy, como aquel caballero de armadura, me hundo en las consecuencias de mi irresponsabilidad, me ahogo en un río de amargura. Pero ten por seguro que nunca, ¡nunca! me arrepentiré de haberte amado...de amarte. Y como el caballero te suplico : No me olvides...No me olvides, amor de mi vida...amor condenado por el Eterno, pero redimido por la Misericordia que nos otorga la esperanza de volver a reunirnos pronto, muy pronto..."

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